Origen etimológico del escrache

inicio juicio oralSi no hay justicia, hay ¡ESCRACHE!”, lema de la asociación argentina H.I.J.O.S.

Muchos son los países que han influido en el origen de la palabra escrache. Italia, Francia, España o la propia Argentina, lugar donde el término es asociado a su vertiente más política, son algunos ejemplos de ello. El nacimiento etimológico de escrachar no está claro, sin embargo, es un hecho innegable que todas sus acepciones parecen indicarnos el poder de un término más importante de lo que aparenta.

Las investigaciones han situado a los expertos etimológicos en una encrucijada, ninguno de ellos ha desarrollado una teoría aceptada completamente por la comunidad lingüística. Una de las que más adeptos ha logrado explica el origen de este singular término como un derivado de las lenguas romances. El nacimiento puede encontrarse en un antiguo verbo castellano, escachar, y su sustantivo directo, escachado, cuyo significado hacía referencia a algo “hendido, roto, hecho cachos”; tal y como aparece en el Diccionario Galego-Castelan de Xosé Luis Franco (1968) y en el libro, Léxico Popular de Gran Canaria de “Pancho” Guerra.

No es por tanto de extrañar que las variantes regionales en las que se expandieron estas lenguas hayan adaptado el término a su propia etimología. En el italiano, por ejemplo, encontramos la palabra scacciare, que significa romper o destrozar; o también, scaracciare, verbo que manifiesta el acto de escupir. El vocablo genovés scraccé (retrato) o incluso el catalán esqueixar pueden tener en algunos momentos un significado similar. Con el paso de los siglos escachar pierde fuerza en la sociedad castellana, al ser considerada una expresión vulgar y malsonante, pero no desaparece. Gracias a los marineros españoles que mantienen activas las rutas comerciales con América del Sur, el término se refugia en las colonias castellanas y regresa reconvertido a la Península. Ha sufrido una transformación fonológica, la epéntesis (adición de un fonema en el interior de una palabra), que ha modificado el término a escrachar, tras añadirle una “r”. La semántica es la misma y su adaptación al idioma, aunque tímida, se produce gracias a la aparición del costumbrismo literario.. Tampoco se sabe demasiado sobre las razones que impulsaron este cambio. Algunos especulan sobre la influencia que la palabra anglosajona scracht (rayar o marcar), muy utilizada por estafadores y timadores, pudo haber ejercido en el proceso; pero es algo improbable. Aunque es cierto que los marineros ingleses frecuentaban los puertos de Buenos Aires y Montevideo en la época de la independencia, no hay ejemplos contundentes de que su lenguaje afectase al idioma local de forma definitiva. Todos los indicios apuntan a que fue un cruce con el término lunfardo, escracho (retrato fotográfico, jeta, rostro feo), lo que precipitó la permuta.. En este lenguaje rioplatense, considerado el hablar coloquial de las clases populares en Argentina y en algunos ámbitos carcelarios, escrachar es poner en evidencia a alguien, revelar sus malas intenciones o acciones. Escracho también hacía referencia a la fotografía del rostro que aparecía en los pasaportes o papeles de liberación de los presos, comúnmente falsificados por algunos delincuentes. La evidente similitud fonética que existe entre escachar y escracho precipitó una unión de significados, potenciada por los ámbitos de influencia del lunfardo. De hecho, el término apareció en el Novísimo Diccionario Lunfardo de 1913, con una definición que apuntaba las variantes francesas del vocablo, es decir, “estar cabreado, enrabietado, romperle la cara a castañazos a una persona”.

En la década de los 80, en Argentina, uno podía quedar escracheado al ser filmado o fotografiado por la policía tras ser detenido, o en la prensa, si su foto iba relacionada con una noticia que denunciaba abusos políticos. También se utilizaba el significado tradicional de “romper o aplastar”, pero a día de hoy escrachar es: “poner en evidencia, revelar en público y hacer aparecer la cara de una persona que pretende pasar desapercibida”, tal y como lo entienden los integrantes de la asociación H.I.J.O.S. Según la definición de sus principales impulsores, el escrache nació como manifestación frente a los domicilios y lugares de trabajo de personas relacionadas con torturas y secuestros, para que amigos, vecinos y compañeros descubran su pasado durante la dictadura. Denuncian y exigen así una condena judicial y social para los asesinos que no les ha sido proporcionada por la justicia del país. Pegan fotografías de los acusados, reparten panfletos y cantan como métodos informativos y de presión para que los antiguos represores no disfruten de la comodidad del anonimato.

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